11/6/12

Cita en las alturas

El tráfico caótico no impidió mi caminata, ni siquiera la presión de la altura aceleró mi corazón, simplemente tenia los ojos puestos en la cima del monte que se coronaba con la figura de brazos abiertos. Pocas son las ciudades que pueden ostentar semejante abrazo, y aunque una es la archiconocida, no es necesariamente la más grande.  Pero en este lugar, mi plan era otro, mi mente estaba mucho más allá de ese abrazo divino ya que - con temor a caer en la herejía - solo me interesaba la cita que estaba prevista para llevarse a cabo en la cima misma y me importaba un rábano lo demás.
Muchas idas y venidas virtuales, consultas de vuelos, ajustes de horarios y quien sabe cuantos otros contratiempos, pero hace apenas unas horas pisaba ese suelo extranjero con mis humildes botas, mi mochila de viaje y mi cuerpo lleno de expectativas. No es la primera vez que viajo para una cita, solo que mis citas siempre fueron en un radio de no más de 300 km, pero en esta oportunidad no solo había más kilómetros sino también mucha más altura, y que eran unas 30 cuadras adicionales?. 
Las calles bulliciosas iban quedando atrás a medida que la empinada cuesta se abría bajo mis pies, los colores tornasolados del atardecer se derramaban sobre las montañas circundantes, de picos eternamente nevados y se vertían sobre al ciudad como la lava ardiente de un volcán. A pesar del frío yo llevaba calor en mi interior; el calor que producía esa mezcla de miedo y excitación que siempre se tiene ante lo inesperado; porque solo Dios sabe lo inesperado que es esto! Una decisión sin el más mínimo análisis de las consecuencias, una decisión tomada en menos de veinticuatro horas y que podría, según el resultado de la cita, tener resultados nefastos.
Ese antecedente negativo es el que más temía; nuestros términos anteriores no se caracterizaban por su positivismo y temía que afloren al encontrarnos después de tanto tiempo de separación; pero también pensé: "aquello se quedó allá, en la otra ciudad; ahora este es un nuevo lugar y no tiene porque caer en lo mismo, no?" A medida que mis pensamientos más se atribulaban mi corazón palpitaba mucho más, uf! la escalera era tremenda, no en vano eran 1.399 escalones!
Por fin, después de un plazo de tiempo que ni recuerdo llegué a la explanada principal, a los pies mismos del Divino Abrazador a quien honestamente ni quería mirar a la cara, sabía que estaba cometiendo una travesura, y se vino ese momento: cualquier discurso, o actitud tranquila o frase ingeniosa que había ensayado se vino todo al traste cuando lo vi.
Aquello era mejor de lo que imaginaba. Me miró fijamente, al parecer analizando si era yo o no, dado que mi aspecto había cambiado radicalmente estos últimos meses pero sonrió mientras daba pequeños pasos hacia mi, podía percibir que sus brazos imitaban al Abrazador  gigante a cuyos pies estábamos.
Yo creo que ni hola pude decirle, simplemente me miré en el espejo de sus ojos donde las luces de la ciudad allá abajo resplandecían. No recuerdo lo que me dijo, no recuerdo que hicimos, pero al abrir mis ojos, supe que hubiera sido una gran cita!

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