25/12/14

El enlace

El limpio ambiente invitaba a la reflexión. Todos los elementos de la sala estaban dispuestos en lugares adecuados, ordenados correctamente y preparados para cualquier emergencia.
En ese lugar, una silla era ocupada por una mujer de mediana edad que según se desarrollaba su conversación, sorbía una perfumada infusión de menta.

-          … a medida que las decisiones vienen, una tras otra, a veces es un poco complicado llevarlas a cabo ¿sabes? Se superponen y no creo que en la planta sean lo suficientemente rápidos con las modificaciones estructurales. ¡Si vieras los planos! Son un verdadero caos...no por el desarrollo en si, sino por la falta de orden. Estamos entrando en una etapa a contrarreloj y eso se nota en todo el proceso. La nueva aleación de titanio para el escudo, me temo no sea suficiente para el tamaño que debe tener. El cañón de plasma sigue siendo eficiente, pero ya nos hemos visto en figurillas en ciertas ocasiones… ¿te acuerdas esa vez en las Galápagos?...esas islas, qué pena hayan terminado convirtiéndose en foco de contaminación después de la explosión del reactor…pero quien imaginaria que los kaijus pudieran ser lo suficientemente inteligentes como para comprender el funcionamiento de una planta nuclear de esa tecnología….y puede sonar muy sentimental de mi parte…¡pero pobres tortugas! – hizo una pausa para esbozar una sonrisa amarga - ¡claro que soy sentimental! Siempre lo fui, tú mejor que nadie me conoces….  En el campo eres más calculador y yo más dada a la acción pero por eso es que nos llevamos muy bien! Jajaj – otra pausa incómoda –

En la ventana se filtraban por el cortinado los tenues rayos de un tímido sol que se abría paso en la nubosidad de esa mañana de diciembre. En la habitación, un pequeño árbol de navidad adornado con colgantes y luces multicolores era el mudo comunicador de las fechas festivas cristianas que se acercaban.

-          Hoy recibí las ultimas instrucciones… - continuó ella después de un largo sorbo del humeante líquido – y debo prepararme para dejar la ciudad. De hecho, de aquí voy directo al aeropuerto. Había decidido no regresar al frente pero no puedo negarme, además quedarme…. – la pausa que se vino a continuación era acompañada por el leve temblor de su mano delatado por el tintineo de la taza de porcelana al ser colocada sobre el platillo - … me han dicho que no sirve de mucho… - esto último era dicho con una significativa mirada hacia su silencioso interlocutor - En Hawai se espera un enfrentamiento como nunca visto y están reclamando a todos los pilotos….– colocó el juego de té sobre la mesa cercana y se adelantó sobre si misma para apoyar los codos en las rodillas y juntar las manos en expresión dubitativa –  ¡No sé qué hacer!... Esto no será lo mismo, siento que me falta lo más importante. Estoy preparándome para una batalla en la que no estoy completa y no puedo compartir esto con nadie. El Consejo fue claro al decir que la unidad que me asignaron es la más importante… o sea, sé que es la más eficaz, porque tú y yo participamos en su creación, pero no es lo mismo. Sus doce misiones fueron perfectas, solo en la última es que… bueno, sucedió lo que sucedió. Y, casi tres años después la vuelven a poner en actividad. -

El reloj de pared seguía con su tic tac interminable como signo irremediable del paso del tiempo. Un reloj antiguo para una sociedad tecnológicamente avanzada era como un recordatorio de que lo único estable en toda la vorágine actual era el tiempo. Otro pitido de cadencia irregular se sumó al conjunto de pitidos circundantes y provenía del pequeño artefacto que la mujer llevaba en uno de sus bolsillos. Ella no se molestó en mirarlo, sabía perfectamente de que se trataba.
Extendió su diestra, aun tibia por el contacto con la taza, y con ella apretó con suavidad la mano estática de su interlocutor.

-          Solo quisiera saber si estoy haciendo lo correcto al abandonarte. Porque…en realidad no sé si voy a regresar. – la voz era muy baja y sonaba anegada y acuosa - ¿no tienes algo para decirme? No sabes cuanto necesito escucharte…  – ella levantó la vista hacia la silueta que permanecía en silencio, un silencio apenas roto por la débil respiración y los incesantes ruidos de las máquinas que mantenían con vida ese cuerpo delgado que yacía en esa cama de hospital.

Estaba allí hacia tres años, inmóvil y vegetal; ese brillante cerebro dormido para siempre según el trágico diagnostico, pero para ella aun latente y expectante. El era su par, su otra mitad. Imposible dejarlo morir sin que ella misma muriera un poco. El enlace que compartían era más fuerte que cualquier otro. Estaban unidos en cuerpo y mente, mientras él siguiera respirando.
Ella siguió apretando más fuerte su mano, y observó esperanzada alguna reacción en los monitores de control. Nada. Seguían las mismas monótonas lecturas, el mismo latir lento del corazón y todas las funciones vitales a su ritmo habitual.
Al ponerse de pie, la oficial soltó lentamente la mano y se acercó al borde de la cama para inclinarse sobre el cuerpo delgado de su esposo y estampar un delicado beso en sus labios secos, dejando gotear sobre la mejilla pálida una pequeña lágrima. La secó con un rápido movimiento sin dejar de mirarlo fijamente como si lo estuviera desafiando silenciosamente a que abriera sus azules ojos tanto tiempo cerrados, en una suerte de Blanca Nieves invertido. Volvió a mirar el monitor y seguía impasible con sus mismas lecturas.
Suspiró al enderezase y alisando su uniforme, se cuadró y despidió a su marido con el saludo militar que corresponde a un oficial de rango similar, y antes de que su corazón se rompiera en pedazos, se retiró con paso firme hacia la salida donde un vehículo la esperaba para trasladarla a una misión que podría ser la final.

Al momento de salir del hospital, en la habitación que había abandonado, un pitido diferente empezó a sonar y en el monitor de control, las lecturas habían cambiado y el tranquilo corazón del ocupante empezó a latir un poco más rápido. La mano de Max, que Violet sujetara momentos antes, se había movido.

17/12/14

"EXODUS: Gods and Kings"
Christian Bale es el Moises más arrogante, humano y conflictivo de los que he visto en pantalla, lo cual hace el punto crucial de la historia, desde la visión de la fe, mucho más sobrecogedor. Una presencia Divina totalmente original y brillantemente interpretada y elegantemente humanizada, lo que la hace aun mas realista que la "zarza en llamas". Joel Edgerton como Ramses, genial y con muchas similitudes con el Ramses de The Prince of Egypt, pero lo que llama la atención es ese tono de voz y sus gestos casi desenfadados que lo hacen tanto o más arrogante que su par hebreo. Ambos luchan con sus propios conflictos y los mismos afloran en sus momentos íntimos aunque se los vea por separado. No son opuestos, al contrario son más similares de lo que deberían.
Como toda película de Ridley Scott, los efectos impecables (tormentas, rayos, mar enfurecido, flechas en llamas, ejercito de carrozas), los detalles de vestuario, escenografía y debo decir que las plagas de Egipto nunca se vieron más aterradoras y el paso por el Mar Rojo más "realista" que nunca.
No es una película perfecta, pero las 2:45 minutos que dura cubren todo lo esencial de una icónica historia que casi todos conocemos al dedillo, y que lleva la marca de Ridley Scott desde el primer minuto.

La Cena

La cena estaba preparada con el esmero propio de una mujer enamorada: carne cocida a punto, salsa agridulce con miel y piña, papas doradas y crujientes; un buen vino para completar y un postre especial en la heladera.

Pero el rostro de ella era una máscara de horror, de angustia, de desespero, y lo que es peor: ya era un sentimiento cotidiano.

El ondulado pelo de mujer que tratada de esconderse en los pliegues del oscuro saco de Juan fue el causante de la terrible tormenta. Ella confirmó lo que pasaba al segundo de mirar sus ojos, pero la práctica mutua de la mentira de uno y la resignación de la otra prevalecieron durante velada.

Cuando el postre fue servido, el plato de Juan estaba cubierto con una suave y espumante crema, con delicioso y dulce sabor, que tenía un cierto gusto metálico proveniente del ingrediente principal: la pequeña y pegajosa bala que le atravesó la cabeza.


Ella dejó el arma sobre la mesa y fue a lavar los platos.